miércoles, 1 de marzo de 2017

MENSAJE DE CUARESMA 2017 - ¡…Renuévame por dentro con espíritu firme! (Sal 50, 12)







Diócesis de San Cristóbal
Vicaría de Pastoral
SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS
VENEZUELA

MENSAJE DE CUARESMA 2017
SIN UNA VIDA ESPIRITUAL PERDEMOS NUESTRO SENTIDO

A TODOS LOS CATEQUISTAS QUE ANUNCIAN AL PUEBLO SANTO DE DIOS
EL EVANGELIO DE JESUS EN LA IGLESIA DE SAN CRISTOBAL

¡Renuévame por dentro con espíritu firme! (Sal 50, 12)

1.      Un saludo lleno de paz, bondad y reconciliación para todos ustedes mis hermanos catequistas, que con tanto cariño se esfuerzan para vivir interiormente la fe y luego transmitirla a quienes anhelan ser como Jesús. Una vez más, el Dios de la misericordia nos permite volver nuestra mirada hacia Él en este tiempo de cuaresma que hoy retomamos a través de su Iglesia. Nos invita a vivir el perdón y la reconciliación, para llegar a la Pascua con el anhelo de servirle como Discípulos Misioneros (Cf. EG 14), haciendo presente su Reino en nuestras comunidades eclesiales.
2.      Junto a las lecturas de la Palabra de Dios, somos invitados nuevamente a meditar en nuestras vidas esa relación de amor en la que Dios, infinitamente enamorado de su humanidad, nos prolonga su misericordia de día en día hasta la eternidad (Jer 31, 3). Nuestros templos volverán a recibir a tantos hijos pródigos que se han alejado del Padre y, mi reflexión, va para todos nosotros sus hermanos mayores, quienes debemos recibirles no con mentalidad de obrero, como lo hizo el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo, pues su actitud solo demostró una justicia laboral, dejando de lado su vínculo con su hermano perdido. No aceptó a su hermano porque no había trabajado o vivido como él en la viña de su padre; sin embargo, el hermano mayor, se dedicó tanto al trabajo con los obreros, que se olvidó de compartir con su padre, aun estando en la misma casa. No le produce alegría el regreso de su hermano menor, y esto debe ser motivo de introversión para nosotros, quienes estamos llamados a recibir a aquel que viene desde las periferias del mundo, y mostrarle el rostro misericordioso del Padre, la vivencia y experiencia de aquel que es AMOR y que estamos llamados a imitar en todo momento (Cf. Lc 15, 11-32).
3.      Mahatma Gandhi, dijo una vez: “la persona que no está en paz consigo misma, será una persona en guerra con el mundo entero”. Para poder entonces reconciliar al mundo con Dios, debemos darle ejemplo de reconciliación. Por este motivo, meditemos sobre la reconciliación en nuestro camino de conversión. Pensemos que, para reconciliarnos con Dios, debemos vivir un proceso cuaresmal, que tenga presente en primer lugar: la reconciliación personal, en segundo lugar: la reconciliación comunitaria y, por último, en la cima de este camino: la reconciliación con Dios. No podemos seguir saltando peldaños, privándonos de una verdadera relación con Jesucristo y su Padre en el Espíritu Santo. Por eso, es mejor, que empecemos a interiorizar este mensaje.
4.      Reconciliación: esta palabra, que viene del hebreo kaphar (כָּפַר), entre sus traducciones, nos indica: convertirse, cambiar de sentimientos. Ciertamente los seres humanos estamos llamados a una fe madura llena de sabiduría que nos sostenga en una plena conversión (Cf. 1Cor 2, 6); sin embargo, para que esto inicie, debemos dejarnos guiar por los sentimientos de Cristo (Cf. Flp 2,5), los cuales nos permitirán desplazar aquellas emociones que perturban la paz y concordia de nuestra vida espiritual. ¿Cómo adquirir estos sentimientos? Una reconciliación personal es necesaria en nuestras vidas.
5.      Reconciliación Personal: el apóstol de los gentiles (San Pablo), no alcanzó la conversión de su vida por tener su mirada en Jesús; todo lo contrario, estaba en guerra con todos aquellos que, siendo judíos, ahora se convertían en cristianos. Por eso emprende su rumbo a Damasco, con el fin de sepultar la Iglesia de Cristo (Cf. Hch 9). Pero qué golpe se lleva Pablo al ser sorprendido por el mismo Jesucristo, quien interpela su vida tan perfecta con la siguiente expresión: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hch 9, 4). Su radicalismo e idealismo se desmorona en segundos ante la presencia real del Rey de Reyes, la verdadera fe por primera vez le es transmitida de manera íntegra por quien dio su vida por nosotros. Fue un golpe al espíritu de Pablo, fue el inicio de una reconciliación personal con sus sentimientos, su vida, su pensar, para darse cuenta que anduvo ciego para Dios y vidente para su mundo, el mundo de la ley.
6.      Pablo, como muchos de nosotros, heredamos de Adán la visión maliciosa y limitada por el pecado: “y se les abrieron los ojos” (Gn 3, 7). Tuvo que quedar ciego para poder revisarse interiormente, para cuestionar su persecución. Todos perseguimos a alguien a través del otro, pero no hemos identificado que ese alguien es Jesucristo. No hemos abierto los ojos a la misericordia de Dios. Es necesario el ayuno, la oración y la limosna, sin prescindir de ninguna, para abrir los ojos y darnos cuenta a quien perseguimos, reconciliarnos con nosotros mismos y poder ser instrumentos reales de paz.
7.      Reconciliación Comunitaria: quien se ha reconciliado consigo mismo, está preparado para tocar la vida del otro sin lastimarla. Está preparado para tratarle como hermano y orientarle en el seguimiento de Jesús. Debemos preguntarnos quiénes son nuestros hermanos, y en especial, los pródigos, pues a ellos debemos buscarles y tratarles como nuestro Padre lo desea: con amor y misericordia. Pensemos en nuestros hogares, nuestra comunidad, nuestros hermanos catequistas y catequizandos.
8.      Es tan difícil de creer que tengamos catequistas tan duros de corazón que siguen siendo indiferentes a la comunión de la Iglesia, que preparan lejos de su parroquia a catequizandos por lucro o por falso compromiso aislados de su parroquia y de sus hermanos catequistas. Pero más increíble aún, es que nos creemos cristianos, cuando muchos, sin serlo, actúan mejor que nosotros imitando a Jesús. Razón tiene el santo Padre al condenar el escándalo que generamos los cristianos con una doble vida, vamos a Misa, pertenecen a movimientos o grupos católicos, somos catequistas, pero no vivimos de acuerdo al Evangelio de Jesús, y este escándalo destruye nuestra sociedad, nuestra Iglesia, nuestra reconciliación. La Madre Teresa de Calcuta nos invita a preguntarnos: si se nos pasa el tiempo juzgando al otro, “¿cuándo vamos a tener tiempo para –reconciliarnos con él–, para amarle?”.
9.      Reconciliación con Dios: el Santo Padre Francisco, en su homilía del 10 de febrero del presente año, el cual les invito a leer, nos habla refiriéndose al pasaje del libro del Génesis sobre la tentación, dándonos un gran consejo para vencerla, no escondernos de Dios, si te escondes, si te vas solo a la batalla sin Él, vas a perder, «en la tentación no se dialoga, se reza: “Ayuda, Señor, soy débil, no quiero esconderme de ti”». La cuaresma nos permite revisar el estado de nuestra relación con Dios, y cambiarlo, mejorarlo, retomar ese trato íntimo y espiritual. No puede existir vida cristiana sin espiritualidad. Necesitamos enamorarnos de Dios, pues con ello, no volveremos a lastimarnos o lastimar a otros.
10.   Llevamos la cruz en nuestro rostro: por el bautismo cuando nos signaron como hijos adoptivos de Dios, por la confirmación cuando nos ungieron en la frente como testigos de su amor, por la ceniza como arrepentimiento y conversión, pero nos falta llevarla en nuestras vidas como enamorados que realmente deseamos imitarle en su amor. El Papa Francisco en su mensaje cuaresmal nos ha invitado a redescubrir que el otro es un don de Dios que no puedo dejar de lado en mi camino de salvación. ¿Quieres que Dios te ame? Ama, ¿quieres que Dios te perdone? Perdona, ¿quieres que Dios te acompañe? Acompaña. No hay nada que hagas por el otro en sumo bien, que Dios no haga por ti.  Ojalá, nos mueva el amor a Dios y no nuestros intereses, pues donde hay amor y paz, es porque hay un cristiano que imita a Jesús. Pero, donde hay guerra y división, seguramente habrá un cristiano que aún no ha experimentado la reconciliación. Como decía San Francisco de Asís: “pecamos en común, nos santificamos en común y nos salvamos en común”. Con el gran aprecio que les tengo a ustedes, mis hermanos catequistas, les brindo mi humilde bendición, esperando que ustedes también me bendigan desde donde están con sus oraciones. Que Dios les bendiga a todos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.
QUE DIOS NOS CONCEDA A TODOS UNA CUARESMA Y UNA SEMANA SANTA LLENA DE RECONCILIACIÓN Y ABUNDANTE CONVERSIÓN PARA ALCANZAR LA SANTIDAD Y HACER BRILLAR NUESTRA IGLESIA.
¡FELICES PASCUAS!
Pbro. Juan Carlos Gómez Yanez
 Su hermano

Delegados de catequesis de la diócesis
Sus Servidores 


SAN CRISTOBAL, 1 DE MARZO DEL AÑO 2017. INICIO DE LA CUARESMA

domingo, 25 de diciembre de 2016

MENSAJE DE NAVIDAD 2016 ES TIEMPO DE QUE JESÚS, NUESTRA ESPERANZA, NAZCA DE VERDAD EN NUESTRAS VIDAS




Diócesis de San Cristóbal
Vicaría de Pastoral
SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS
VENEZUELA

MENSAJE DE NAVIDAD 2016
ES TIEMPO DE QUE JESÚS, NUESTRA ESPERANZA, NAZCA DE VERDAD EN NUESTRAS VIDAS

A TODOS LOS CATEQUISTAS QUE ANUNCIAN AL PUEBLO SANTO DE DIOS
EL EVANGELIO DE JESÚS EN LA IGLESIA DE SAN CRISTÓBAL

«¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por Él!» (Lc 2, 14)

1.    Un saludo de paz y bien para todos mis hermanos catequistas de nuestra amada Diócesis de San Cristóbal, esperando que en este año que fenece, y en el cual profundizamos sobre la Misericordia de Dios, ustedes y yo nos hallemos transformados en predilectos del Señor, misericordiando y primereando en el amor y servicio a nuestra Iglesia, teniendo una especial atención por los más débiles y desamparados. Hoy es Navidad, es el nacimiento de Jesús, no puede existir otro motivo para prepararnos en adviento y vivir este día en su máxima expresión. Por eso, con mucho cariño, les propongo reflexionar, a la luz de la Palabra de Dios, el caminar de nuestras vidas en este año, con el fin de que nada ni nadie “nos robe la esperanza” (Cf. EG 86), ni mucho menos el nacimiento de Jesús en nuestras vidas.
2.    Caminemos en la luz del amor y la esperanza.
“El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz” (Is 9,1). Hemos vivido un año duro, difícil, no sólo desde el punto de vista político, económico y social, también religioso, nuestra fe se ha visto a prueba por la oscuridad del pecado, que ha sabido sembrar la cizaña cuidadosamente para que, arraigándose en nuestras vidas, se vuelva difícil, más no imposible de arrancar. Nuestro pueblo del Táchira, unido a Venezuela y el mundo, ha caminado en tinieblas, unos con esperanza en que Dios transformará nuestra tristeza en alegría (Cf. Jn 16,20), otros, sin esperanza, y muchos, olvidados por todos aquellos que le habían prometido luz.
Sin embargo, nuestro Dios nace, nace en cada persona que decide aceptarle, seguirle y dejar transformar su vida, para que ningún sufrimiento le humille, y para que ninguna prueba o dificultad le denigre. Dios hará brillar su luz en nosotros, pero tenemos que dejar que nazca. Nuestro Dios no nace en medio del lujo, o de la pobreza material, nace en la riqueza de aquellos que dejan que su corazón sea un pesebre que brinde calor a nuestro Dios. San Bonifacio, cuando colocó el primer árbol de navidad, le dio a conocer a la gente, que el verdadero Dios no es aquel que pide vidas humanas en sacrificio, es más bien aquel que ha nacido para sacrificarse por nosotros. Todo aquel que exija vidas humanas por mantenerse en sus ideales egoístas, no puede llamarse cristiano, pero sí merece la corrección y la misericordia de quienes somos cristianos, sin dejar de lado la justicia.
3.    Busquemos la paz de Cristo que no tiene fin.
“Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin” (Is 9,6). El profeta Isaías es muy claro al afirmar que la paz verdadera, la que no posee limitaciones, es la de Cristo Jesús, el Mesías. Todo lo demás que se presenta como precursora de la paz, es solo una reducción de la misma, cargada de limitaciones, acuerdos de convivencia y estructuras tan débiles, que al mal no le cuesta nada fracturar y dañar. Aunado a esto, vale la pena preguntarnos hoy: ¿soy un instrumento de paz? ¿tengo paz en mi vida?, la paz de Cristo no la rompe nadie, y si no poseemos esta paz, entonces vale la pena cuestionar nuestra vida espiritual y cristiana.
El poder de Dios es inmenso, pero Dios nos muestra su amor, sirviéndonos, y tratándonos con amor. La paz la debemos defender no con actitudes agresivas, tan poco pasivas, sino con la verdad que nos enseña nuestro Señor Jesucristo, verdad cargada de esperanza, de la búsqueda incansable de caminos para la reconciliación y la paz. La Iglesia es sabia cuando nos enseña que la unidad está en la diversidad de sus miembros (LG 13, Ef 4,3). Por eso, bien decía San Juan XXIII: “es más lo que nos une, que aquello que nos divide”. Por tal motivo, debemos tratarnos con respeto, sin negar jamás nuestra fe, ni ocultarla. Al respecto, el bueno de San Francisco de Asís se cuestionaba una vez con esta pregunta: “Hijo de Bernardone, ¿cómo se le llama a un caballero que reniega de su Señor?”, y este hombre santo, que no estaba dispuesto a acobardarse de su fe en Jesús, se dispuso a humillar cada gota de soberbia, egoísmo y pecado que intentara dañar su relación con Dios. En cuántas ocasiones hemos pisoteado esa relación, siendo cobardes, y lamentablemente eso no nos duele. Hemos dejado de ser caballeros para el Señor, y nos hemos dejado tergiversar por la inmoralidad del mundo.
4.    Es hora de vencer el pecado
“La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos” (2Tit 2,11-12). Es la gracia de Dios, recibida por la fe, la que nos lleva a rechazar como seguidores de Cristo el pecado y la tentación, traducida hoy día en violencia, corrupción, conformismo, comodidad e indiferencia, entre otras tantas maneras de presentarse la avaricia de los deseos mundanos y la impiedad. Vivimos señalando al mundo, y a aquellos que “viven en pecado”, pero cómo nos hace falta mirarnos en un espejo para visualizar con vergüenza las vigas que tenemos en los ojos de nuestras vidas (Cf. Lc 6, 42). Hablamos de debilidades, pero sin corregir las nuestras, cómo le pesa a nuestra Madre la Iglesia, y a mí en particular, todas las veces en que fallamos y atentamos contra la unidad de la Iglesia faltando a los Itinerarios de catequesis, recibiendo a niños con edades no permitidas, saltándolos de nivel, preparándolos en poco tiempo, o cobrando de forma onerosa un don que hemos recibido gratis en nuestro llamado vocacional (Cf. Mt 10,8). Somos catequistas, otros Cristo en la tierra, ¿en verdad te sientes Cristo con tus actitudes? Cómo nos hace falta un espejo que nos diga la verdad, y ese espejo es Palabra de Dios que desnuda nuestras vidas (Cf. Hb 4,13).
Si realmente estamos dispuestos a vencer el pecado, debemos considerar las recientes palabras del Santo Padre Francisco en su carta apostólica Misericordia et Misera: “el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera” (n.1), amar a Dios de verdad, nos permite ir más allá de nuestros propios deseos y vivir como Él vivió.
5.    Navidad es el nacimiento de Jesús en nuestras vidas.
“Y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque donde se alojaban no había lugar para ellos” (Lc 2,7). Esta es una realidad que actualmente se mantiene presente, son muchos los lugares donde la Familia de Nazaret no encuentra alojamiento, son muchas las puertas que se tiran en la cara al justo José, y lo peor aún, es que muchos de esos lugares son católicos, que creen que tienen un lugar privilegiado en el cielo por vivir la fe a su manera, lejos de la Verdad contenida en la Palabra de Dios, y muchos de ellos son catequistas nuestros, que no viven la comunión, que su ausencia es permanente en todo tipo de reuniones de formación y, que lamentablemente se mantienen alejados de conocer más a Dios, porque conocerle es amarle, amarle significa seguirle, y seguirle es un compromiso que pocos quieren asumir (Cf. San Agustín).
Necesitamos catequistas que permitan alojamiento a Jesús de por vida, que saquen de la posada de su cuerpo tantos mercaderes que les incitan al pecado en todo momento, que nuestro cuerpo sea santuario de Dios y no, cueva de ladrones (Cf. Mt 21,13). El mejor regalo en estas navidades, es aquel que no puede ser comprado por humano alguno, sino donado por Dios y aceptado por el hombre: la fe, la esperanza, el amor, el perdón, la reconciliación y la paz. Si para nosotros, estos no son los mejores regalos, nuestras prioridades están muy mal, y razón tiene el mundo cuando nos juzga por nuestra incoherencia, como decía San Antonio de Padua, “el peor error de los cristianos es creer, pero no vivir lo que creen”.
6.    “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por Él!” (Lc 2, 14)
Creo que nunca me había detenido a reflexionar tanto esta parte como hoy: “paz a los hombres amados por Él”, es que en verdad somos amados por Él!!! No existe otra explicación por la cual se haya dado todo este misterio de salvación. Es cuestión de amor puro, como dice el Papa Francisco en Misericordia et Misera: “El amor es el primer acto con el que Dios se da a conocer y viene a nuestro encuentro” (n.5), Dios no nos abandona, Gloria en las alturas por eso, porque nos ama, y su amor no cambia, no nos dejará de amar nunca; en cambio nosotros vivimos tan intermitentes, cargados de afectos y sentimientos que vetan nuestra propia fe y relación íntima con Dios. Es el momento de que correspondamos a ese amor con nuestras obras, ser catequista significa ser el enamorado perfecto de Jesús, porque, si estás enamorado de Jesús, el mundo tendrá entonces motivos para enamorarse de Él.
Lamentablemente, tal parece que no estamos tan enamorados de Él, es por esto que los demás no se sienten atraídos por la fuerza de su Evangelio, ya que nosotros mismos no lo predicamos como debiéramos (Cf. Rm 10,14).
7.    La voz del pastor
Nuestro Obispo, Monseñor Mario del Valle Moronta, nos regala unas ricas catequesis en sus homilía y mensajes, preparados con esfuerzo y preocupación por encaminarnos al reino de Dios, es por ello que, sus cartas pastorales como: “el gozo espiritual de ser pueblo” y su “Mensaje de Navidad 2016”, son ejemplos vivos de esa fe que debemos renovar en Espíritu y Verdad (Cf. Jn 4,24). Por tal motivo, invito a mis hermanos catequistas a asumir con seriedad esta tarea evangelizadora que Dios y su Iglesia nos ha encomendado, que ningún catequista deje de orar, de confesarse y comulgar, de leer y meditar la Palabra de Dios, de formarse… porque, si queremos mejores cristianos, nosotros debemos ser primero esos mejores cristianos que necesita Dios, su Iglesia y el mundo. Nuestro Pastor nos habla, el Santo Padre como sucesor de Pedro nos habla, no sigamos permitiendo que alguien más nos llegue con un comentario o resumen, esforcémonos por leer y apropiarnos del mensaje, para poder comunicarlo con amor y veracidad.
8.    Por último, deseo que todos los catequistas del Táchira nos sintamos hermanos amados por el Señor. Que reflexionemos en la balanza de la Palabra de Dios nuestro actuar para mejorar. Que, si alguno está descarriado o separado de la comunión de la Iglesia con su corrupción espiritual y religiosa, le ayudemos y no le hundamos, para que todos juntos podamos consolidar el Reino de Dios y su Justicia, y de esta manera, ustedes y yo podamos sentir la satisfacción de aquel siervo que solo cumplió con lo que tenía que hacer, y que nosotros muchas veces no hacemos: amar a Cristo y enamorar a otros de Él.
Con mi bendición y muy agradecido por el servicio tan hermoso que desempeñan día a día, les deseo una:

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO MIS HERMANOS CATEQUISTAS!!!

Pbro. Juan Carlos Gómez Yanez
Su hermano y servidor

SAN CRISTÓBAL, 25 DE DICIEMBRE DEL AÑO 2016. FIESTA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR.

lunes, 4 de julio de 2016

EL DESALIENTO Y EL DIABLO


Cierta vez, se corrió la voz de que el diablo se retiraba de los negocios y vendía sus herramientes en una subasta. Cuando llegó la noche de la venta, tenia preparado todo su material, que por cierto, era un lote siniestro: ODIO, CELOS, ENVIDIA, MALICIA, ENGAÑO... y todo lo malo que puedas imaginar.

De entre todas las herramientas había una muy gastada, como si hubiese sido usada muchísimas veces. Sin embargo, era más cara que el resto de las herramientas. Alguien le preguntó al diablo, cual era esa herramienta tan cara. "DESALIENTO" fue la respuesta.

¿Por qué su precio es tan alto?, siguió preguntando. Porque esa herramienta, respondió el diablo, es la más útil de todas, con ella puedo entrar en la conciencia de las personas y una vez dentro, por medio del desaliento, puedo hacer de esa persona lo que se me antoje.

Está muy gastada, porque la uso con casi todos los seres de este mundo, y como muy pocas personas saben que me pertenece, puedo abusar de él.

A pesar de la explicación y de ver la gran utilidad de esa herramienta, nadie la pudo comprar, porque el precio del desaliento era muy alto. Esa es la razón por la que aún sigue siendo propiedad del diablo.

El desaliento es uno de los estados de ánimo con el que el diablo se fortalece. Nos desalentamos con las situaciones económicas, nuestros trabajos, nuestra familia, con la necesidad de cambio, con los grupos, con el fracaso, con el engaño, con la mentira, con el desamor. . .

Por eso debemos mantenernos alertas contra el desaliento.

Si hay un tropezón o una caída no hay que rendirse.

Cada día podemos empezar otra vez desde el punto más alto.


"Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible

y de repente estarás haciendo lo imposible”


San Francisco de Asís

miércoles, 10 de febrero de 2016

MENSAJE DE CUARESMA 2016 SI NO SACRIFICAMOS NUESTRA INDIFERENCIA NO PODREMOS ENCONTRARNOS CON LA MISERICORDIA



Diócesis de San Cristóbal
Vicaría de Pastoral
SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS
VENEZUELA

MENSAJE DE CUARESMA
SI NO SACRIFICAMOS NUESTRA INDIFERENCIA NO PODREMOS ENCONTRARNOS CON LA MISERICORDIA

A TODOS LOS CATEQUISTAS QUE ANUNCIAN AL PUEBLO SANTO DE DIOS
EL EVANGELIO DE JESUS EN LA IGLESIA DE SAN CRISTOBAL

¡los exhortamos a no echar su gracia en saco roto…! (2Co 6,1)

1.       Un saludo Fraterno y cariñoso para todos ustedes, mis hermanos catequistas, quienes siempre están dispuestos a configurar y vivir en primera persona el anuncio de la misericordia que Dios quiere derramar sobre nosotros para que seamos portadores y comunicadores de la misma en cada situación de nuestras vidas.
2.       Hoy, junto al salmista, nos congregamos como peregrinos en torno a nuestros templos para decir juntos: “Misericordia, Señor, hemos pecado” (Sal 50). Y, en esta vivencia cuaresmal que se nos presenta nuevamente, recibimos la oportunidad, como hijos de Dios, de renunciar con esta ceniza al pecado, a la tentación, a todo aquello que pretende hacernos indiferentes a lo que nos hace buenos, nobles y misericordiosos (Cf. 2Co 5, 20).
3.       Vivimos en un mundo en el que, como el buen Samaritano (Cf. Lc 10, 25-37), se nos presenta a cada momento la oportunidad de ser “Misericordiosos como el Padre” (Cf. Lc 6, 36-38), de ser diferentes ante tanta indiferencia, de ser portadores de la misericordia de Dios y no simples actores de la misma. De despojarnos de tantas caretas que cubren el rostro de nuestro Señor Jesús, que Dios nuestro Padre ha impreso en nosotros desde antes de ser llamados a la vida (Cf. Jr 1, 5); sin embargo, en muchas ocasiones echamos en saco roto cada ocasión de santidad que se nos presenta (Cf. 2Co 6,1).
4.       Es por ello que, el primer signo con el cual siempre damos comienzo a la cuaresma es con la imposición de la ceniza y, ¿por qué la ceniza? La ceniza contiene un gran significado cuaresmal que hemos profundizado bastante en mensajes de años anteriores, además de recordarnos que polvo somos y en polvo nos habremos de convertir o, que debemos convertirnos y creer en el Evangelio, sencillamente nos invita a pensar: qué no hemos hecho ceniza en nuestras vidas. Porque para alejarnos del pecado, debemos incinerarlo, quemarlo, extinguirlo de nuestro ser, volverlo ceniza, polvo que con un soplo desaparece. Y, se lee tan fácil, pero qué difícil y cuesta arriba nos lo coloca el demonio cuando ustedes y yo tomamos este día por simple tradición y costumbre.
5.       Por lo anterior, es importante recibir la ceniza luego de una sincera reflexión de nuestras vidas, en la que reconocemos tanta indolencia, tan poca solidaridad y tanto egoísmo de sobra. En este sentido, se hace necesario iniciar la cuaresma con la disposición a escuchar lo que Dios quiere de nosotros como sus hijos, pues, si no te crees, ni te sientes, ni vives como hijo, ¿cómo puedes entonces afirmar que crees en Dios?
6.       Escuchar es parte de la oración de todo cristiano, orar no es solo hablar y hablar, es también escuchar la voz de Dios que desea hablar desde lo más íntimo y secreto de nuestro ser. Se dice que hay dos formas de escuchar, y la mayoría usamos solo la primera. Se escucha para responder y se escucha para comprender. Brindémonos este tiempo para comprender lo que Dios quiere de ti y de mí.
7.       Para ello, vale la pena reflexionar, mirarnos desde nuestras actitudes. Descubrir esa historia de misericordia que Dios ha escrito en nuestras vidas ante cada pecado y desviación nuestra. Es más lo que tardamos en arrepentirnos, que lo que Dios demora en perdonarnos, pues Él, no se deja ganar ni en tiempo ni en acciones. Por eso, es bueno pensar de qué manera he experimentado y comunicado la misericordia de Dios. Qué compromisos de misericordia debo asumir propiamente en mi vida. Y sobre todo, tener presente que, perseverar en las buenas actitudes es una tarea de cada día, la cual requiere esfuerzo personal, pues sin sacrificio no hay verdadera misericordia.
8.       En esta cuaresma, mi ayuno, oración y limosna no puede ser una costumbre o tradición, debe estar expresada desde mi reflexión íntima con la misericordia de Dios, que quiere un sacrificio con verdadero sentido de amor, de solidaridad para con el prójimo (enemigos, despreciados, olvidados, pobres, afligidos, enfermos…), no puedo ayunar y dejar que pase el día de ayuno sin dar de comer al hambriento, porque si así lo hago, entonces no hice nada más que aguantar hambre ante los ojos de Dios y ser bien indiferente con el hambriento. Si decides ayunar de cualquier otra cosa, debe ser para que puedas realizar una obra concreta de misericordia, o simplemente habrás perdido una oportunidad de redención. De igual forma si vas a orar, actúa; y si vas a dar limosna, que sea para ayudar con lo que tienes, porque de lo que te sobra, ya el mundo está harto.
9.       Deseo, a la vez, comentar brevemente lo que el Santo Padre Francisco, en su mensaje a la cuaresma de este año (el cual les invito a leer), nos habla del drama de amor de Dios para con nosotros su pueblo, y cómo ese drama de amor, esa historia de misericordia, esa alianza de salvación es el “corazón del kerygma apostólico”, el primer anuncio que el Papa nos invita a los catequistas a “escuchar de diversas maneras y… volver anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis”  (Mensaje para la Cuaresma 2016), teniendo presente que estamos llamados en todo momento, y de manera especial en esta cuaresma a: “examinarnos, convertirnos y creer” (Misericordiae vultus, 21), recuperando la esencia de nuestras vidas: amarle y ser amados por Él.
10.   Allí, también el Papa nos da un compromiso “La iniciativa 24 horas”, que debemos informarnos de ello y colocarlo en práctica en nuestras parroquias durante la Semana Santa.
11.   Para finalizar, les brindo esta frase de San Juan de la Cruz: “El alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa”, porque el amor es de Dios, por eso, ¿cómo podemos llegar a cansarnos de ser misericordiosos, cuando es nuestro Padre la fuente inagotable de misericordia? Parafraseando un poco las palabras del Santo Padre: “ojalá no perdamos este tiempo de cuaresma” (Cf. Mensaje para la Cuaresma 2016). No echemos en saco roto este tiempo de misericordia y salvación que aún se nos concede. Con el gran aprecio que les tengo a ustedes, mis hermanos catequistas, les brindo mi humilde bendición, esperando que ustedes también me bendigan desde donde están con sus oraciones. Que Dios les bendiga a todos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.
¡¡¡QUE DIOS NOS CONCEDA A TODOS UNA CUARESMA Y UNA SEMANA SANTA VIVIDA, AMADA, SENTIDA Y CELEBRADA CON ACTITUDES DE VIDA. FELICES PASCUAS!!!
Pbro. Juan Carlos Gómez Yanez
 Su hermano

SAN CRISTOBAL, 10 DE FEBRERO DEL AÑO 2016. INICIO DE LA CUARESMA