domingo, 25 de diciembre de 2016

MENSAJE DE NAVIDAD 2016 ES TIEMPO DE QUE JESÚS, NUESTRA ESPERANZA, NAZCA DE VERDAD EN NUESTRAS VIDAS




Diócesis de San Cristóbal
Vicaría de Pastoral
SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS
VENEZUELA

MENSAJE DE NAVIDAD 2016
ES TIEMPO DE QUE JESÚS, NUESTRA ESPERANZA, NAZCA DE VERDAD EN NUESTRAS VIDAS

A TODOS LOS CATEQUISTAS QUE ANUNCIAN AL PUEBLO SANTO DE DIOS
EL EVANGELIO DE JESÚS EN LA IGLESIA DE SAN CRISTÓBAL

«¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por Él!» (Lc 2, 14)

1.    Un saludo de paz y bien para todos mis hermanos catequistas de nuestra amada Diócesis de San Cristóbal, esperando que en este año que fenece, y en el cual profundizamos sobre la Misericordia de Dios, ustedes y yo nos hallemos transformados en predilectos del Señor, misericordiando y primereando en el amor y servicio a nuestra Iglesia, teniendo una especial atención por los más débiles y desamparados. Hoy es Navidad, es el nacimiento de Jesús, no puede existir otro motivo para prepararnos en adviento y vivir este día en su máxima expresión. Por eso, con mucho cariño, les propongo reflexionar, a la luz de la Palabra de Dios, el caminar de nuestras vidas en este año, con el fin de que nada ni nadie “nos robe la esperanza” (Cf. EG 86), ni mucho menos el nacimiento de Jesús en nuestras vidas.
2.    Caminemos en la luz del amor y la esperanza.
“El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz” (Is 9,1). Hemos vivido un año duro, difícil, no sólo desde el punto de vista político, económico y social, también religioso, nuestra fe se ha visto a prueba por la oscuridad del pecado, que ha sabido sembrar la cizaña cuidadosamente para que, arraigándose en nuestras vidas, se vuelva difícil, más no imposible de arrancar. Nuestro pueblo del Táchira, unido a Venezuela y el mundo, ha caminado en tinieblas, unos con esperanza en que Dios transformará nuestra tristeza en alegría (Cf. Jn 16,20), otros, sin esperanza, y muchos, olvidados por todos aquellos que le habían prometido luz.
Sin embargo, nuestro Dios nace, nace en cada persona que decide aceptarle, seguirle y dejar transformar su vida, para que ningún sufrimiento le humille, y para que ninguna prueba o dificultad le denigre. Dios hará brillar su luz en nosotros, pero tenemos que dejar que nazca. Nuestro Dios no nace en medio del lujo, o de la pobreza material, nace en la riqueza de aquellos que dejan que su corazón sea un pesebre que brinde calor a nuestro Dios. San Bonifacio, cuando colocó el primer árbol de navidad, le dio a conocer a la gente, que el verdadero Dios no es aquel que pide vidas humanas en sacrificio, es más bien aquel que ha nacido para sacrificarse por nosotros. Todo aquel que exija vidas humanas por mantenerse en sus ideales egoístas, no puede llamarse cristiano, pero sí merece la corrección y la misericordia de quienes somos cristianos, sin dejar de lado la justicia.
3.    Busquemos la paz de Cristo que no tiene fin.
“Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin” (Is 9,6). El profeta Isaías es muy claro al afirmar que la paz verdadera, la que no posee limitaciones, es la de Cristo Jesús, el Mesías. Todo lo demás que se presenta como precursora de la paz, es solo una reducción de la misma, cargada de limitaciones, acuerdos de convivencia y estructuras tan débiles, que al mal no le cuesta nada fracturar y dañar. Aunado a esto, vale la pena preguntarnos hoy: ¿soy un instrumento de paz? ¿tengo paz en mi vida?, la paz de Cristo no la rompe nadie, y si no poseemos esta paz, entonces vale la pena cuestionar nuestra vida espiritual y cristiana.
El poder de Dios es inmenso, pero Dios nos muestra su amor, sirviéndonos, y tratándonos con amor. La paz la debemos defender no con actitudes agresivas, tan poco pasivas, sino con la verdad que nos enseña nuestro Señor Jesucristo, verdad cargada de esperanza, de la búsqueda incansable de caminos para la reconciliación y la paz. La Iglesia es sabia cuando nos enseña que la unidad está en la diversidad de sus miembros (LG 13, Ef 4,3). Por eso, bien decía San Juan XXIII: “es más lo que nos une, que aquello que nos divide”. Por tal motivo, debemos tratarnos con respeto, sin negar jamás nuestra fe, ni ocultarla. Al respecto, el bueno de San Francisco de Asís se cuestionaba una vez con esta pregunta: “Hijo de Bernardone, ¿cómo se le llama a un caballero que reniega de su Señor?”, y este hombre santo, que no estaba dispuesto a acobardarse de su fe en Jesús, se dispuso a humillar cada gota de soberbia, egoísmo y pecado que intentara dañar su relación con Dios. En cuántas ocasiones hemos pisoteado esa relación, siendo cobardes, y lamentablemente eso no nos duele. Hemos dejado de ser caballeros para el Señor, y nos hemos dejado tergiversar por la inmoralidad del mundo.
4.    Es hora de vencer el pecado
“La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos” (2Tit 2,11-12). Es la gracia de Dios, recibida por la fe, la que nos lleva a rechazar como seguidores de Cristo el pecado y la tentación, traducida hoy día en violencia, corrupción, conformismo, comodidad e indiferencia, entre otras tantas maneras de presentarse la avaricia de los deseos mundanos y la impiedad. Vivimos señalando al mundo, y a aquellos que “viven en pecado”, pero cómo nos hace falta mirarnos en un espejo para visualizar con vergüenza las vigas que tenemos en los ojos de nuestras vidas (Cf. Lc 6, 42). Hablamos de debilidades, pero sin corregir las nuestras, cómo le pesa a nuestra Madre la Iglesia, y a mí en particular, todas las veces en que fallamos y atentamos contra la unidad de la Iglesia faltando a los Itinerarios de catequesis, recibiendo a niños con edades no permitidas, saltándolos de nivel, preparándolos en poco tiempo, o cobrando de forma onerosa un don que hemos recibido gratis en nuestro llamado vocacional (Cf. Mt 10,8). Somos catequistas, otros Cristo en la tierra, ¿en verdad te sientes Cristo con tus actitudes? Cómo nos hace falta un espejo que nos diga la verdad, y ese espejo es Palabra de Dios que desnuda nuestras vidas (Cf. Hb 4,13).
Si realmente estamos dispuestos a vencer el pecado, debemos considerar las recientes palabras del Santo Padre Francisco en su carta apostólica Misericordia et Misera: “el amor que permite mirar más allá y vivir de otra manera” (n.1), amar a Dios de verdad, nos permite ir más allá de nuestros propios deseos y vivir como Él vivió.
5.    Navidad es el nacimiento de Jesús en nuestras vidas.
“Y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque donde se alojaban no había lugar para ellos” (Lc 2,7). Esta es una realidad que actualmente se mantiene presente, son muchos los lugares donde la Familia de Nazaret no encuentra alojamiento, son muchas las puertas que se tiran en la cara al justo José, y lo peor aún, es que muchos de esos lugares son católicos, que creen que tienen un lugar privilegiado en el cielo por vivir la fe a su manera, lejos de la Verdad contenida en la Palabra de Dios, y muchos de ellos son catequistas nuestros, que no viven la comunión, que su ausencia es permanente en todo tipo de reuniones de formación y, que lamentablemente se mantienen alejados de conocer más a Dios, porque conocerle es amarle, amarle significa seguirle, y seguirle es un compromiso que pocos quieren asumir (Cf. San Agustín).
Necesitamos catequistas que permitan alojamiento a Jesús de por vida, que saquen de la posada de su cuerpo tantos mercaderes que les incitan al pecado en todo momento, que nuestro cuerpo sea santuario de Dios y no, cueva de ladrones (Cf. Mt 21,13). El mejor regalo en estas navidades, es aquel que no puede ser comprado por humano alguno, sino donado por Dios y aceptado por el hombre: la fe, la esperanza, el amor, el perdón, la reconciliación y la paz. Si para nosotros, estos no son los mejores regalos, nuestras prioridades están muy mal, y razón tiene el mundo cuando nos juzga por nuestra incoherencia, como decía San Antonio de Padua, “el peor error de los cristianos es creer, pero no vivir lo que creen”.
6.    “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por Él!” (Lc 2, 14)
Creo que nunca me había detenido a reflexionar tanto esta parte como hoy: “paz a los hombres amados por Él”, es que en verdad somos amados por Él!!! No existe otra explicación por la cual se haya dado todo este misterio de salvación. Es cuestión de amor puro, como dice el Papa Francisco en Misericordia et Misera: “El amor es el primer acto con el que Dios se da a conocer y viene a nuestro encuentro” (n.5), Dios no nos abandona, Gloria en las alturas por eso, porque nos ama, y su amor no cambia, no nos dejará de amar nunca; en cambio nosotros vivimos tan intermitentes, cargados de afectos y sentimientos que vetan nuestra propia fe y relación íntima con Dios. Es el momento de que correspondamos a ese amor con nuestras obras, ser catequista significa ser el enamorado perfecto de Jesús, porque, si estás enamorado de Jesús, el mundo tendrá entonces motivos para enamorarse de Él.
Lamentablemente, tal parece que no estamos tan enamorados de Él, es por esto que los demás no se sienten atraídos por la fuerza de su Evangelio, ya que nosotros mismos no lo predicamos como debiéramos (Cf. Rm 10,14).
7.    La voz del pastor
Nuestro Obispo, Monseñor Mario del Valle Moronta, nos regala unas ricas catequesis en sus homilía y mensajes, preparados con esfuerzo y preocupación por encaminarnos al reino de Dios, es por ello que, sus cartas pastorales como: “el gozo espiritual de ser pueblo” y su “Mensaje de Navidad 2016”, son ejemplos vivos de esa fe que debemos renovar en Espíritu y Verdad (Cf. Jn 4,24). Por tal motivo, invito a mis hermanos catequistas a asumir con seriedad esta tarea evangelizadora que Dios y su Iglesia nos ha encomendado, que ningún catequista deje de orar, de confesarse y comulgar, de leer y meditar la Palabra de Dios, de formarse… porque, si queremos mejores cristianos, nosotros debemos ser primero esos mejores cristianos que necesita Dios, su Iglesia y el mundo. Nuestro Pastor nos habla, el Santo Padre como sucesor de Pedro nos habla, no sigamos permitiendo que alguien más nos llegue con un comentario o resumen, esforcémonos por leer y apropiarnos del mensaje, para poder comunicarlo con amor y veracidad.
8.    Por último, deseo que todos los catequistas del Táchira nos sintamos hermanos amados por el Señor. Que reflexionemos en la balanza de la Palabra de Dios nuestro actuar para mejorar. Que, si alguno está descarriado o separado de la comunión de la Iglesia con su corrupción espiritual y religiosa, le ayudemos y no le hundamos, para que todos juntos podamos consolidar el Reino de Dios y su Justicia, y de esta manera, ustedes y yo podamos sentir la satisfacción de aquel siervo que solo cumplió con lo que tenía que hacer, y que nosotros muchas veces no hacemos: amar a Cristo y enamorar a otros de Él.
Con mi bendición y muy agradecido por el servicio tan hermoso que desempeñan día a día, les deseo una:

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO MIS HERMANOS CATEQUISTAS!!!

Pbro. Juan Carlos Gómez Yanez
Su hermano y servidor

SAN CRISTÓBAL, 25 DE DICIEMBRE DEL AÑO 2016. FIESTA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR.

lunes, 4 de julio de 2016

EL DESALIENTO Y EL DIABLO


Cierta vez, se corrió la voz de que el diablo se retiraba de los negocios y vendía sus herramientes en una subasta. Cuando llegó la noche de la venta, tenia preparado todo su material, que por cierto, era un lote siniestro: ODIO, CELOS, ENVIDIA, MALICIA, ENGAÑO... y todo lo malo que puedas imaginar.

De entre todas las herramientas había una muy gastada, como si hubiese sido usada muchísimas veces. Sin embargo, era más cara que el resto de las herramientas. Alguien le preguntó al diablo, cual era esa herramienta tan cara. "DESALIENTO" fue la respuesta.

¿Por qué su precio es tan alto?, siguió preguntando. Porque esa herramienta, respondió el diablo, es la más útil de todas, con ella puedo entrar en la conciencia de las personas y una vez dentro, por medio del desaliento, puedo hacer de esa persona lo que se me antoje.

Está muy gastada, porque la uso con casi todos los seres de este mundo, y como muy pocas personas saben que me pertenece, puedo abusar de él.

A pesar de la explicación y de ver la gran utilidad de esa herramienta, nadie la pudo comprar, porque el precio del desaliento era muy alto. Esa es la razón por la que aún sigue siendo propiedad del diablo.

El desaliento es uno de los estados de ánimo con el que el diablo se fortalece. Nos desalentamos con las situaciones económicas, nuestros trabajos, nuestra familia, con la necesidad de cambio, con los grupos, con el fracaso, con el engaño, con la mentira, con el desamor. . .

Por eso debemos mantenernos alertas contra el desaliento.

Si hay un tropezón o una caída no hay que rendirse.

Cada día podemos empezar otra vez desde el punto más alto.


"Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible

y de repente estarás haciendo lo imposible”


San Francisco de Asís

miércoles, 10 de febrero de 2016

MENSAJE DE CUARESMA 2016 SI NO SACRIFICAMOS NUESTRA INDIFERENCIA NO PODREMOS ENCONTRARNOS CON LA MISERICORDIA



Diócesis de San Cristóbal
Vicaría de Pastoral
SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS
VENEZUELA

MENSAJE DE CUARESMA
SI NO SACRIFICAMOS NUESTRA INDIFERENCIA NO PODREMOS ENCONTRARNOS CON LA MISERICORDIA

A TODOS LOS CATEQUISTAS QUE ANUNCIAN AL PUEBLO SANTO DE DIOS
EL EVANGELIO DE JESUS EN LA IGLESIA DE SAN CRISTOBAL

¡los exhortamos a no echar su gracia en saco roto…! (2Co 6,1)

1.       Un saludo Fraterno y cariñoso para todos ustedes, mis hermanos catequistas, quienes siempre están dispuestos a configurar y vivir en primera persona el anuncio de la misericordia que Dios quiere derramar sobre nosotros para que seamos portadores y comunicadores de la misma en cada situación de nuestras vidas.
2.       Hoy, junto al salmista, nos congregamos como peregrinos en torno a nuestros templos para decir juntos: “Misericordia, Señor, hemos pecado” (Sal 50). Y, en esta vivencia cuaresmal que se nos presenta nuevamente, recibimos la oportunidad, como hijos de Dios, de renunciar con esta ceniza al pecado, a la tentación, a todo aquello que pretende hacernos indiferentes a lo que nos hace buenos, nobles y misericordiosos (Cf. 2Co 5, 20).
3.       Vivimos en un mundo en el que, como el buen Samaritano (Cf. Lc 10, 25-37), se nos presenta a cada momento la oportunidad de ser “Misericordiosos como el Padre” (Cf. Lc 6, 36-38), de ser diferentes ante tanta indiferencia, de ser portadores de la misericordia de Dios y no simples actores de la misma. De despojarnos de tantas caretas que cubren el rostro de nuestro Señor Jesús, que Dios nuestro Padre ha impreso en nosotros desde antes de ser llamados a la vida (Cf. Jr 1, 5); sin embargo, en muchas ocasiones echamos en saco roto cada ocasión de santidad que se nos presenta (Cf. 2Co 6,1).
4.       Es por ello que, el primer signo con el cual siempre damos comienzo a la cuaresma es con la imposición de la ceniza y, ¿por qué la ceniza? La ceniza contiene un gran significado cuaresmal que hemos profundizado bastante en mensajes de años anteriores, además de recordarnos que polvo somos y en polvo nos habremos de convertir o, que debemos convertirnos y creer en el Evangelio, sencillamente nos invita a pensar: qué no hemos hecho ceniza en nuestras vidas. Porque para alejarnos del pecado, debemos incinerarlo, quemarlo, extinguirlo de nuestro ser, volverlo ceniza, polvo que con un soplo desaparece. Y, se lee tan fácil, pero qué difícil y cuesta arriba nos lo coloca el demonio cuando ustedes y yo tomamos este día por simple tradición y costumbre.
5.       Por lo anterior, es importante recibir la ceniza luego de una sincera reflexión de nuestras vidas, en la que reconocemos tanta indolencia, tan poca solidaridad y tanto egoísmo de sobra. En este sentido, se hace necesario iniciar la cuaresma con la disposición a escuchar lo que Dios quiere de nosotros como sus hijos, pues, si no te crees, ni te sientes, ni vives como hijo, ¿cómo puedes entonces afirmar que crees en Dios?
6.       Escuchar es parte de la oración de todo cristiano, orar no es solo hablar y hablar, es también escuchar la voz de Dios que desea hablar desde lo más íntimo y secreto de nuestro ser. Se dice que hay dos formas de escuchar, y la mayoría usamos solo la primera. Se escucha para responder y se escucha para comprender. Brindémonos este tiempo para comprender lo que Dios quiere de ti y de mí.
7.       Para ello, vale la pena reflexionar, mirarnos desde nuestras actitudes. Descubrir esa historia de misericordia que Dios ha escrito en nuestras vidas ante cada pecado y desviación nuestra. Es más lo que tardamos en arrepentirnos, que lo que Dios demora en perdonarnos, pues Él, no se deja ganar ni en tiempo ni en acciones. Por eso, es bueno pensar de qué manera he experimentado y comunicado la misericordia de Dios. Qué compromisos de misericordia debo asumir propiamente en mi vida. Y sobre todo, tener presente que, perseverar en las buenas actitudes es una tarea de cada día, la cual requiere esfuerzo personal, pues sin sacrificio no hay verdadera misericordia.
8.       En esta cuaresma, mi ayuno, oración y limosna no puede ser una costumbre o tradición, debe estar expresada desde mi reflexión íntima con la misericordia de Dios, que quiere un sacrificio con verdadero sentido de amor, de solidaridad para con el prójimo (enemigos, despreciados, olvidados, pobres, afligidos, enfermos…), no puedo ayunar y dejar que pase el día de ayuno sin dar de comer al hambriento, porque si así lo hago, entonces no hice nada más que aguantar hambre ante los ojos de Dios y ser bien indiferente con el hambriento. Si decides ayunar de cualquier otra cosa, debe ser para que puedas realizar una obra concreta de misericordia, o simplemente habrás perdido una oportunidad de redención. De igual forma si vas a orar, actúa; y si vas a dar limosna, que sea para ayudar con lo que tienes, porque de lo que te sobra, ya el mundo está harto.
9.       Deseo, a la vez, comentar brevemente lo que el Santo Padre Francisco, en su mensaje a la cuaresma de este año (el cual les invito a leer), nos habla del drama de amor de Dios para con nosotros su pueblo, y cómo ese drama de amor, esa historia de misericordia, esa alianza de salvación es el “corazón del kerygma apostólico”, el primer anuncio que el Papa nos invita a los catequistas a “escuchar de diversas maneras y… volver anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis”  (Mensaje para la Cuaresma 2016), teniendo presente que estamos llamados en todo momento, y de manera especial en esta cuaresma a: “examinarnos, convertirnos y creer” (Misericordiae vultus, 21), recuperando la esencia de nuestras vidas: amarle y ser amados por Él.
10.   Allí, también el Papa nos da un compromiso “La iniciativa 24 horas”, que debemos informarnos de ello y colocarlo en práctica en nuestras parroquias durante la Semana Santa.
11.   Para finalizar, les brindo esta frase de San Juan de la Cruz: “El alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa”, porque el amor es de Dios, por eso, ¿cómo podemos llegar a cansarnos de ser misericordiosos, cuando es nuestro Padre la fuente inagotable de misericordia? Parafraseando un poco las palabras del Santo Padre: “ojalá no perdamos este tiempo de cuaresma” (Cf. Mensaje para la Cuaresma 2016). No echemos en saco roto este tiempo de misericordia y salvación que aún se nos concede. Con el gran aprecio que les tengo a ustedes, mis hermanos catequistas, les brindo mi humilde bendición, esperando que ustedes también me bendigan desde donde están con sus oraciones. Que Dios les bendiga a todos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.
¡¡¡QUE DIOS NOS CONCEDA A TODOS UNA CUARESMA Y UNA SEMANA SANTA VIVIDA, AMADA, SENTIDA Y CELEBRADA CON ACTITUDES DE VIDA. FELICES PASCUAS!!!
Pbro. Juan Carlos Gómez Yanez
 Su hermano

SAN CRISTOBAL, 10 DE FEBRERO DEL AÑO 2016. INICIO DE LA CUARESMA

jueves, 24 de diciembre de 2015

MENSAJE DE NAVIDAD 2015 EN EL REY HECHO NIÑO ENCONTRAMOS LA MISERICORDIA DE DIOS



Diócesis de San Cristóbal
Vicaría de Pastoral
SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS
VENEZUELA

MENSAJE DE NAVIDAD
EN EL REY HECHO NIÑO ENCONTRAMOS LA MISERICORDIA DE DIOS

A TODOS LOS CATEQUISTAS QUE ANUNCIAN AL PUEBLO SANTO DE DIOS
EL EVANGELIO DE JESÚS EN LA IGLESIA DE SAN CRISTÓBAL

«Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.» (Lc 2, 20)

1.    Un saludo lleno de esperanza, paz y bondad para todos los catequistas de nuestra amada Diócesis de San Cristóbal, esperando que en este año de la Misericordia ya iniciado se manifieste la gracia y el poder de Dios en nuestras vidas. Hoy ha llegado a nosotros el día tan anhelado en este tiempo de preparación llamado Adviento. Hemos llegado a la Navidad. Y con mucho cariño deseo reflexionemos en esta ocasión el cómo se llega a este acontecimiento, cómo se vive y, cómo deberíamos luchar por mantenerlo de modo permanente en nuestras vidas.
2.    “Hoy nos ha nacido el Salvador” (Sal 95), esta es la expresión que hoy como discípulos de Cristo estamos llamados a compartir con el mundo entero, pues Aquél que es la Luz ha venido a disipar las tinieblas que nos rodean y nos impiden poder reconocer el verdadero camino que conduce a la paz (Cf Is 9, 1-3). Así, esta noticia requiere de una reflexión sobre cómo nos hemos preparado para el nacimiento de Jesús en nuestros tiempos. En tales circunstancias, si nuestro fin en Navidad no es hacerle ver a la humanidad que el Hijo de Dios nació para estar con nosotros, entonces con gran razón el mundo busca vivir lejos de Él, pues no lo hemos anunciado aún como se debería.
3.    En este sentido, deseo invitarnos a pensar en cuatro ideas que podrían conducirnos, no solo a una meditación del nacimiento de Jesús, sino también a ser capaz de convertirnos en “Misericordiosos como el Padre” (Lc 6, 36) y brindarle a este mundo el apoyo espiritual necesario para caminar por sendas de paz.
4.    El primer elemento fundamental se refiere a “el viaje”. María y José viajan a Belén (Cf Lc 2, 4), Los Reyes Magos también emprenden esa marcha (Cf Mt 2, 1-2.8), los mismos pastores al recibir la noticia por medio del Ángel, salieron a su encuentro (Cf Lc 2, 15-16). En fin, el nacimiento de Jesús nos compromete necesariamente a un desplazamiento donde se contemple la preparación, el recorrido y la llegada a esa meta: “encontrar al Rey hecho niño” quien decidió habitar entre nosotros para iluminarnos con su resplandor y conquistarnos no por sus fuerzas, sino por su ternura y fragilidad, condiciones las cuales, hemos dejado de lado ante nuestros prójimos que hoy sufren tanto por nuestra indiferencia, como si nuestro Rey no fuese Jesús, sino el demonio convertido en dinero, egoísmos, lujos y placeres… olvidándonos del Dios humanado, presente en cada hombre y mujer sufriente, esperando a que salgamos a su encuentro como portadores de la Misericordia, la cual se supone tenemos y vivimos como católicos que somos.
5.    Todo viaje necesita de factores importantes para partir: anuncio, acogida y disposición. Como cristianos hemos recibido, al igual que la Santísima Virgen, el anuncio de la Encarnación del Hijo de Dios en nuestras vidas (Cf Lc 1, 26-31), solo es necesario aceptarle desde nuestro arrepentimiento y conversión, tan necesarias para crecer como Iglesia peregrina, llamada a auxiliar a todo aquél que le necesite. Sin embargo, es imperativo resaltar en nuestro viaje la ausencia de sensibilidad y solidaridad humana a la cual nos vemos expuestos. Nos preocupa más el precio del dólar o del petróleo que el proceso de contaminación que está acabando con nuestra “casa común” – la Tierra. Nos desespera más el precio del licor, las decoraciones y festividades mundanas en esta época decembrina y a lo largo del año, que quienes pasan hambre, se encuentran presos, privados de libertad, secuestrados, enfermos, en medio de guerras, odio y discriminación de todo tipo. Piensa qué te preocupa y sabrás qué clase de católico eres en este momento.
6.    El segundo elemento es “La Natividad”, el nacimiento de Jesús en nuestras vidas. Al respecto, el Papa Francisco ha dicho lo siguiente:
A Dios no le gustan las imponentes revoluciones de los poderosos de la historia y no utiliza la varita mágica para cambiar las situaciones. Al contrario, se hace pequeño para atraernos con amor, para llegar a nuestros corazones con su bondad humilde, para llamar la atención con su pobreza a los que se afanan en acumular los falsos tesoros de este mundo (VATICANO, 18 Dic. 15 (ACI).
Jesús nuestro Rey, nace para vivir aquí, con nosotros y entre nosotros. Celebramos su nacimiento cada año porque aún existen muchas personas en este mundo, entre ellos, abundantes cristianos de nombre que siguen dejando pasar de largo el nacimiento del Salvador en sus vidas, distraídos en tantas cosas y activos en nada. El nacer de Jesús en este mundo es nuestro nacimiento “quien no se hace como niño, no podrá entrar al reino de los cielos” (Mt 18, 3). La Navidad es esa oportunidad de volver a nacer. Podríamos entonces preguntarnos fácilmente: ¿nacemos con Jesús cada año a una vida más cristiana?
7.       Un tercer elemento es “la Adoración”. Celebrar la memoria de la Natividad del Emmanuel (Cf Mt 1, 23) y no adorarle, es como ir a una fiesta de cumpleaños y no acercarnos a compartir con el agasajado. Adorar a Jesús es contemplar, y nosotros los cristianos nos hemos olvidado de hacerlo. A cada momento vemos con los ojos del cuerpo olvidándonos de observar con el alma. Cualquiera podría preguntarse en este momento: ¿qué significa contemplar? Sencillamente es encontrar y admirar, en aquello que se busca y ahora se puede ver, el amor y la misericordia de Dios que sobrepasa cuánto imaginamos, pensamos, deseamos y, sobre todo, merecemos. La actitud del encuentro y la contemplación para los cristianos no puede estar lejos del amor, sino cercana a la misma necesidad de la acción evangelizadora que conlleva gestos de misericordia (Cf Misericordiae Vultus n. 9).
8.       Uno de los detalles preciosos del logo del año jubilar de la Misericordia es el color dorado que le colocaron al hombre que es cargado por Jesús el Buen Pastor. Este color nos catequiza indicando que es Jesús mismo quien nos devuelve nuestra semejanza a Dios Padre. Jesús, el Buen Pastor, lleva sobre sus hombros a la humanidad. Con su amor cambia la vida de las personas, con su misericordia saca a los hombres de la miseria del pecado y transforma nuestras vestiduras (dignidad) en el color divino, haciéndonos ver dignos hijos de Dios, no por nuestros méritos, sino porque nos ha amado primero (Cf 1Jn 4, 10).
9.       En el mundo de hoy, nos hace falta salir al encuentro y contemplar la grandeza de Dios, ante tantos arrebatos de ira, intolerancia, impaciencia; Dios está en cada ser humano para que podamos encontrarle y contemplarle con misericordia. Recordemos que Jesús nació en una pesebrera, donde dormían los animales, un espacio lo suficientemente inadecuado para un acontecimiento tan hermoso como el nacimiento de un bebé. Es lamentable y con razón muchas religiones y sectas en el mundo nos reprochan cuando contemplamos admirados un pesebre en nuestros hogares y templos, pero cerramos nuestras miradas a las verdaderas pesebreras (situaciones indignas y de desprecio) en las que se ven envueltos nuestros prójimos y donde Jesús aún espera por nuestras actitudes.
10.   El último elemento en esta meditación y, a mi modo de ver, muy importante tener en cuenta es “la huida”. José y María se vieron obligados a huir a Egipto para evitar que Herodes asesinara al niño (Cf Mt 2, 13-15). Ser cristiano es llevar una vida de peregrino, caminando por este mundo en la búsqueda del Tesoro escondido en cada prójimo que nos llevará al Reino de Dios (Cf Mt 13, 44). No obstante, es necesario en nuestro caminar, estar muy alertas a tantos peligros presentes por el príncipe de las tinieblas que busca nuestra pérdida y condenación. Ante estos peligros, debemos huir. Es en esta noche buena que estamos llamados a huir con ese niño lindo (que espero nazca en nuestras vidas) libres de todo pecado, odio y división, para que esta Navidad no sea “falsa e inútil” como dijo el Santo Padre Francisco, cargada de tanta apariencia que nos impide caminar por sendas de paz (VATICANO, 19 Nov. 15 (ACI).
11.   Si realmente queremos huir del pecado y la maldad de este mundo, debemos empezar por inclinarnos a auxiliar a nuestros hermanos más débiles, como el buen samaritano, que en su camino se detuvo ante la aflicción de un pobre hombre que había sido asaltado (Cf Lc 10, 29-37), porque vivimos asaltados en todo momento, vivimos en una sociedad que nos roba la dignidad de personas, de hijos de Dios, nos roba la paz, el derecho a vivir, a tener una casa, un trabajo, unas condiciones dignas, a caminar por las calles sin la zozobra de ser asaltados; vivimos en una sociedad que nos roba el cuerpo para destruirlo con los vicios y placeres de la vida, condenando nuestras almas a vivir lejos de Dios. Huyamos hermanos, huyamos de todo aquello que busca robar tu ser Cristo.
12.   Hace unos días atrás, nuestro Obispo y Pastor celebró una hermosa Eucaristía en San Antonio del Táchira, específicamente donde se han suscitado conflictos fronterizos con nuestros hermanos colombianos. Todos los presentes pudieron redactar una carta para ser enviada al Santo Padre, en la que, una frase muy especial, inspirada por el Espíritu Santo, fue colocada allí: “Somos siameses en la fe”. Para ser más específicos: siameses son aquellos gemelos cuyos cuerpos siguen unidos después del nacimiento. Y referirlo en la fe, quiere decir que no tenemos fronteras cuando Jesús nace en nuestros corazones. Tú y yo, ¿qué fronteras le hemos puesto a nuestra fe cuando el mundo necesita ir más allá de la justicia e imitar la Misericordia del Padre?
13.   Para finalizar, confío en que cada uno de nosotros asumirá en este Año de Misericordia el reto de ser “Misericordiosos como el Padre”, no sólo de palabra, sino de actitud diaria, especialmente con los más necesitados, inclusive con aquel que practica el mal, pues necesita de nuestro testimonio y predicación. En esta noche buena que vamos a vivir, recordemos que Navidad es tiempo para medir cuánto soy capaz de amar, puesto que la fe es cuestión de amor y el amor es servicio, es la responsabilidad de que ese niño lindo que está por nacer en nuestras vidas, sea protegido de todo pecado que quiera asesinarle dentro de nosotros; es también la responsabilidad de permitirle crecer en nuestras vidas con todos los cuidados y privilegios que se merece, pues viene a darlo todo por ti y por mí. Invito a todos los catequistas a que profundicemos en nuestra tarea evangelizadora la práctica de las obras de misericordia, pero empezando por tener misericordia entre nosotros mismos, para luego manifestarlo a los demás en esas obras espirituales y corporales que estamos llamados a vivir y reforzar en este año. Con mi bendición y muy agradecido por el servicio tan hermoso que desempeñan, les deseo una:

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO MIS HERMANOS CATEQUISTAS!!!

Pbro. Juan Carlos Gómez Yanez
Su hermano


SAN CRISTÓBAL, 25 DE DICIEMBRE DEL AÑO 2015. FIESTA DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR.

jueves, 20 de agosto de 2015

FIESTA DE SAN PÍO X PATRONO DEL CATEQUISTA MENSAJE DEL DÍA DEL CATEQUISTA 2015 «SOLO EN CRISTO HEMOS CONOCIDO EL VERDADERO AMOR»




 
FIESTA DE SAN PÍO X
PATRONO DEL CATEQUISTA






MENSAJE DEL DÍA DEL CATEQUISTA
A TODOS LOS CATEQUISTAS QUE ANUNCIAN AL PUEBLO SANTO DE DIOS
EL EVANGELIO DE JESUS EN LA IGLESIA DE SAN CRISTOBAL

«SÓLO EN CRISTO HEMOS CONOCIDO EL VERDADERO AMOR»

1.      Un saludo fraterno a todos mis queridos hermanos catequistas, quiénes con mucha alegría hoy, celebramos nuestro día haciendo memoria del recordado primer Papa santo del siglo XX: San Pío X (1903), quien anheló desde sus inicios “Renovar todas las cosas en Cristo”.
2.      Cada 21 de agosto celebramos con alegría el Día del Catequista, y es una ocasión bella para meditar a la luz del evangelio el Servicio al cual hemos sido elegidos como moldeadores de “OTROS CRISTOS” en nuestras comunidades.
3.      El Evangelio de hoy, según San Mateo (22,34-40), nos presenta a un doctor de la ley preguntándole (para ponerlo a prueba) por “el mandamiento más grande de la ley”, el cual, como ya sabemos, Jesús mismo indica que son dos en uno: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Y el segundo: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
4.      Se nos invita a reflexionar en torno al amor. El amor que es más que un sentimiento, una decisión que estamos llamados a elegir día a día por encima de toda maldad. Esta fue la razón por la que Jesús vino al mundo y se entregó en sacrificio por nuestra salvación, porque su Amor fue sin límites. El mismo apóstol San Pablo nos lo recuerda diciendo que este amor: “perdona sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites” (1Co 13, 7).
5.      Entonces, si el amor de Cristo nos primerea (Cf. 2Co 5, 14) (utilizando el verbo primerear del Santo Padre Francisco), ¿qué hacemos nosotros dejando de lado el amor? El Santo Padre ha insistido durante este año en dos ideas fundamentales que están afectando demasiado el ecosistema del amor: “indiferencia y descarte”. Y es muchísimo lo que debemos llamarnos la atención al respecto, sin embargo, espero que estas líneas nos ayuden a profundizar en un sincero examen de conciencia, y en un verdadero propósito de enmienda que tenga en cuenta que el amor no excluye, incluye.
6.      En nuestras catequesis corremos el riesgo de ser indiferentes o excluyentes, y esto, porque no hemos conocido aún el amor de Dios, no hemos entrado en plena intimidad con su misericordia. Deseo recordar aquí dos pasajes espectaculares del antiguo testamento, que me parecen, complementan aquella frase de Pablo “Sin amor no tengo nada” (1Cor 13, 3).
7.      El primero, a saber, nos lo da el profeta Isaías: “Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti” (54, 10). El Señor es el único que sabe amar, y quiere enseñarnos su amor, un amor que no vacila, que no se rinde, porque rendirse para Dios no es una opción; en cambio, para nosotros los seres humanos, rendirse tiene dos significados, en muchas ocasiones: dejar de intentarlo; y otras veces: agotarlo todo. Pudiéramos cuestionarnos entonces las veces en que nos hemos rendido tan fácilmente ante las adversidades, cuando tenemos un Dios que lo arriesga todo por todos nosotros.
8.      El segundo, nos lo presente el profeta Jeremías: “Con amor eterno te he amado, por eso te sigo tratando con misericordia” (31, 3). No es cuestión de paciencia o tolerancia, el amor de Dios, aunque estas virtudes son destacables en su infinita bondad; es cuestión de amor, puro y verdadero, sin límites, capaz de todo por nosotros, hasta lo imposible y más, porque cada uno es imagen y semejanza suya (Cf. Gn 1, 26-27), y ello nos hace más que valiosos.
9.      En tal sentido, reflexionemos ¿qué tan cargados de amor están nuestros encuentros de catequesis? ¿O aún siguen siendo clases?
10.  Sólo me resta decirles que, la propuesta, aunque se presenta simple, es todo un reto: Ama sin límites y Jesús no pondrá límites en tu vida. Como nos dijo el Papa Francisco en su visita a Latinoamérica: “Tampoco la propuesta de Jesús es un arreglo hecho a nuestra medida en el que nosotros ponemos las condiciones, elegimos los integrantes y excluimos a los demás”.
11.  Hoy pedimos por intercesión de nuestro patrono, que el catecismo que de verdad necesite nuestro pueblo y nuestra Iglesia seamos nosotros, con nuestros pensamientos, palabras y obras. ¡Que con sólo vernos y oírnos los demás, deseen vivir más como Jesús! Que San Pío X interceda ante el Señor para que seamos todos: catequistas con una personal e íntima relación con Cristo, ese debe ser el fundamento de nuestras vidas.
12.  Encomendando nuestro servicio bajo la protección de nuestra Madre Santísima, María del Táchira, Nuestra Señora de la Consolación, y de nuestro Santo Cristo del Rostro Sereno para que nos bendiga y nos guarde siempre, les deseamos un feliz día del Catequista: los delegados vicariales del secretariado de catequesis diocesano y su director, recordándoles que lo esencial de la catequesis y la fe se trata de aprender lo que Jesús nos enseñó para vivir como Jesús vivió; no basta saber más, hay que vivir más y así nuestro testimonio será ese amor que renueva todo, Dios les bendiga.
Los Delegados Vicariales
Pbro. Juan Carlos Gómez Yanez
Su hermano y compañero en el ministerio catequético.

«No escatimaré ni cuidado, ni trabajo, ni ardientes plegarias por la salvación de las almas. Mi esperanza está en Cristo». San Pío X